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10/13/2009 нīтcнīкīиgDe nuevo, pasan de largo. Camino hacia atrás, con el pulgar levantado, en el arcén de una carretera en medio de ninguna parte. Llevo horas caminando y nadie se ha dignado a parar. Seguramente no se hayan percatado de mi presencia. El asfalto arde. Mi piel, también. Llevo horas viendo únicamente tonalidades de arena y carmesí. Me resulta extraño volver a recorrer de nuevo este camino perdido en el desierto. Por un motivo u otro, me veo obligado a retomarlo una y otra vez. Sigo con el pulgar levantado aún sabiendo que en años jamás se han parado a recogerme. En fin, dicen que la esperanza es lo único que se pierde. Quizás alguien pare. Algún día. Pero sí, es extraño... Extraño porque cada vez que encuentro un lugar donde detenerme y donde parece que formo parte de algo que nunca va a acabar algo me obliga a iniciar de nuevo la marcha. Y vuelta a empezar. Una y otra vez, la misma carretera, el mismo yermo baldío. Y nada más. O nadie más. Supongo que este camino no acabará jamás. No importa. 10/4/2009 āłđēвāяáиAbro los ojos. Nostalgia y desconcierto se entremezclan en mi mente, creando una extraña sensación que me impide pronunciar palabra alguna. No importa. Nada que pueda decir en este momento podría tener significado. No sé cuánto tiempo llevo aquí, pero por el rojo infinito ante mis ojos supongo que es el atardecer de algún día cuyo nombre o número desconozco. El mar de septiembre baña mis pies y me susurra al oído palabras que no comprendo, ni comprenderé jamás, pero que me tranquilizan y despiertan del aturdimiento. Me incorporo para sonreírle, como siempre hago, y la brisa me arrebata la arena que una desgarbada camisa ha podido retener durante la inconsciencia. Sólo una vez había escuchado tanto silencio. Y entonces no había razón para que me importase, pero ahora un extraño sentimiento entre felicidad y angustia me impiden razonar con claridad el por qué de mi presencia en este lugar, en este momento. Nada brilla ahora en el cielo, ni siquiera el sol, casi imperceptible ya en el horizonte. Supongo que así es como debe ser. Al menos no es muy diferente a como ha sido en todas las noches de los últimos meses que recuerdo. A decir verdad, ni siquiera estoy seguro de que quedara estrella alguna desde que Aldebarán se apagó. Aldebarán... Aquella a quien durante tiempo llamé Antares y por quien tantas noches aullé a la luna. Jamás acepté la distancia, material o no, que nos separaba y aún menos el hecho de que llevara tanto tiempo apagada. De no haber sido por aquella pequeña estrella, que tan cálidamente brillaba, quizás aún hoy pensaría que Aldebarán sigue brillando y la aparición de la verdadera Antares hubiese pasado totalmente desapercibida. Ahora lo sé, pero entonces jamás hubiese imaginado que el daño provocado hubiese sido tan grande, tanto que ni el paso de los años, ni el brillo de tantas otras estrellas, hayan podido extinguirlo. Después de Antares y de Altarf, después de Librae y de Ascella, después de la propia Aldebarán, Alrisha ha sido la última en apagarse, la única que me ha acompañado durante todo el camino y la única a la que no me hubiese importado no alcanzar jamás. Aquella a la que nunca logré conocer, a la que siempre pregunté quién era y de la que no obtuve respuesta. Aquella que, sin pedírselo o siquiera desearlo, iluminaba un camino que ahora vuelve a ser oscuridad. Un camino que el chacal no tenía inconveniente en recorrer, pero que el león se tendrá que resignar a recorrer. No puede ser tan duro. La oscuridad no puede doler tanto como duele la luz. Especialmente, cuando la luz proviene no del sol, sino de las estrellas que ahora ya no dibujan mi cielo. Su añoranza será sólo una reprimenda por los pecados cometidos. El verdadero castigo será saber que aún a pesar de Alrisha, el dolor lo causa y lo causará siempre Aldebarán. ¿Cuántas otras estrellas tendré que descubrir y dejar apagar por el recuerdo de una ilusión que jamás pasó de pura idealización, de simple amor platónico? Ninguna, por supuesto. Dejaré que la razón guíe mis pasos una última vez y buscaré mi destino allí donde nadie pueda encontrarme. Éstas son, pues, las últimas palabras de Anubis, primero lobo, luego chacal y ahora león, sentenciado a caminar por la oscuridad en busca del perdón de las estrellas que dejó apagar. Cierro los ojos. Al fin. 9/29/2009 łēøиēsDesolación. Hastío y desesperación podían sentirse en el denso aire de tan descorazonadora escena. Descansaban en paz allí aquellos que en su día dominaron el mundo y lo perdieron todo por defender únicamente un frente ya perdido, entregado al enemigo por un traidor entre sus filas. Cayeron luchando hasta el final, murieron por aquello en que creían, por aquello que amaban. Grande fue el error de entregar su confianza, de mostrar su talón de Aquiles, a aquellos que creyeron más dignos y que resultaron ser el veneno que los dejó dispuestos a morir uno tras otro bajo el filo de la espada del Destino, presente ahora en el desolador páramo, regocijándose por las victimas cobradas. Y allí, frente a él, altivo y desafiante, el último León, consciente de su no muy lejana muerte, pero decidido a no caer hasta haber ganado la batalla. No tenía nada que perder. Nunca lo había tenido. Sin tregua. 11/16/2008 яēcłūsīøи тяāиsмīssīøиDe: liberation.transmission@free-europe.net#id=151108 Jamás la realidad había provocado semejante devastación. Nada, ni nadie, queda ahora en pie. Mi verdad, que no la realidad, se ha visto modificada por la sacudida hasta el punto de haber sido erradicada por completo. Sigo sin saber quién eres. Punto y aparte. Fin de la transmisión. 12/26/2007 ēи ēł иøмвяē đēł fūēgø—Has condenado a nuestra gente. —He salvado a la humanidad. —Sabes que eso no te excusa y que debes morir por ello. —Sabes que no sin luchar. Si osáis desafiarme no solo os enfrentaréis a la oscuridad, sino también al fuego y al propio planeta. Moriréis uno a uno, cada uno de vosotros. Hombres, niños, mujeres. Nadie que pueda recordaros quedará en pie. Arrasaré vuestro pueblo. Lo reduciré a cenizas, hasta tal punto que nadie sepa que alguna vez existió. Y así fue que las llamas se extendieron a lo largo y ancho de todo el poblado. Aquellos que creían poder huir encontraron a la muerte en el camino. Niños y mujeres sufrieron en la misma medida en la que lo hicieron padres o maridos y el eco de sus gritos es el único recuerdo de su existencia. Allí donde antes se levantaba un pueblo, ahora solo hay llano. Y el por qué no incumbe a nadie. 11/11/2007 тняēē yēāяs sнøūłđ нāvē вēēи ēиøūgн тīмē føя yøū тø gяøw ūp āиđ gēт øvēя тнīsPara. Necesitas parar un rato para descansar y recuperar el aliento. Ésta no es una carrera que se gane o se pierda, sino simplemente en la que se corre. Y tú estás haciendo todo lo posible por llegar el primero, o al menos por creer que llegas el primero. Para. Si al menos supieses cómo dejar todo atrás no importaría cuánto o por qué corres, pero te empeñas en llevar contigo todo aquello que has encontrado en el camino. Aunque sabes que es una carga demasiado pesada. Que quizás es una carga inservible. Para. Ya que corres, al menos, mira hacia el frente. Ya has tropezado tres veces y puedes estar seguro de que volverás a hacerlo. No te engañes, no hay nadie que te siga, ni nadie que te observe. Menos aún, nadie que te espere y a quien has dejado atrás de manera involuntaria. Para. Ya no tienes dieciocho. Tres años deberían haber sido tiempo suficiente para crecer y superarlo. 9/2/2007 иøт łīкē тнē øтнēяs¿Qué pasa si te digo que no soy como el resto? ¿Y qué si te digo que no soy otro de tus juegos? Foo Fighters - The Pretender "Keep you in the dark, Send in your skeletons, Spinning infinity, boy, What if I say I'm not like the others? What if I say I'm not like the others? In time our soul untold, What if I say I'm not like the others? What if I say I'm not like the others? I'm the voice inside your head So who are you? Keep you in the dark, What if I say I'm not like the others? What if I say I'm not like the others? What if I say I'm not like the others? What if I say I'm not like the others? So who are you? 7/30/2007 тнē sēĉяēт fīłēs (IV)Tengo que reconocer que este verano no escribo tanto como he escrito en otras ocasiones. Seguramente, por que mi serenidad es mucho más estable este año, pese a la gran cantidad de adversidades que me asolan. Supongo, además, que en plena ascensión hacia la madurez moral e intelectual, a la que aún me quedan años por llegar, empiezo a entender ciertas cosas y a desestimar preocupaciones que no dejan de ser secundarias y que carecen de importancia. En ese sentido, he alcanzado un nivel de comprensión que muchas personas son incapaces de conseguir en toda una vida. Me encuentro, como ya he comentado en otra entrada, en un medio etéreo entre la ignorancia y el desconocimiento, caracterizado por la completa integración de la despreocupación en el perfeccionismo, y viceversa. Nada es demasiado importante y nada carece totalmente de relevancia. Han de tenerse en cuenta todos los posibles aspectos a considerar y desestimar aquellos que carezcan realmente de una cierta fiabilidad o cuya falta de validez sea totalmente obvia sin llegar al extremo de caer en la obsesión, la tozudez y la extrema perseverancia. Y es, precisamente, este estado el que me lleva a escribir cosas como esta, escrita el pasado diecisiete de julio, a seis días de mi cumpleaños: "Ando más de diez horas por interminables playas de arena blanca. Recorro en bicicleta calles desconocidas, imposibles, abandonadas. Nado entre ríos de gente a la que nunca he conocido, ni he dirigido palabra tampoco. Lucho contra una ola de calor sobre una tabla de orgullo y ambición. ¿Y para qué? Para nada. No busco reconocimiento, ni fama, ni siquiera escuchar mi nombre. No me mueven ni la codicia, ni el ansia de poder. Tampoco me empuja nadie, ni me obliga. Y por supuesto nada busco al acabar todo. El sol es recompensa suficiente." Podría tildárseme de egocéntrico, de engreido e incluso de aspirante a egregio. No me importa. Ahora mismo, solo me importa sentirme bien conmigo mismo y buscar un sustituto temporal a todas las preguntas que no tienen respuesta. Y que seguramente jamás la tendrán. 7/20/2007 тīēяяā đē иāđīēEscribo esto desde el umbral entre la ignorancia y el desconocimiento, donde la felicidad y la tristeza se ven exaltadas aún en su mínima manifestación. Muchos llaman a esto depresión o crisis. No saben de lo que hablan. Se ven invadidos por el miedo a lo desconocido, los atemoriza la enormidad y la magnificencia de los sentimientos aquí presentes. No pueden ver más allá, pues la impotencia les ciega. No saben que si resisten al derrotismo podrán contemplar la belleza de un sentimiento tan real, tan frío y tan altivo como la felicidad, ensombrecido solo por falsos atisbos de una tristeza producida por pensamientos erróneos e ideas inducidas por la oscuridad presente en todo corazón. La soledad, la incomprensión y el sentimiento de menosprecio son solo compañeros en un viaje desde la Tierra de Nadie hasta las Puertas del Cielo, donde toda compañía es bienvenida. Y necesaria. 7/15/2007 īt's đīffīcūłt tø łøvē yøūNo creo que haya mucho más que decir. Elefantes - Tan difícil como amar "Tan difícil como amar, Como un trozo de papel Como tu sonrisa. Tan difícil como amar Como piedras que al rodar Como tu sonrisa. Como tú y como yo. 7/5/2007 тнīs īs łāиđ øf иøвøđyNi el odio ni la ira pueden acabar con esta eterna felicidad. He matado al ego, le he obligado a marcharse y he aprendido a vivir con mis temores, con mis defectos y con mi tristeza. Y, sobre todo, con mi orgullo y mi prepotencia. Sé que por más que los oculte están ahí, forman parte de mí, y que sacarlos al exterior no tiene por qué suponer ser menos feliz, o gustar menos a los demás. Que cada uno me acepte por como soy, que olviden la máscara con la que creí podría sobrevivir a un entorno al que sabía no correspondía. Una máscara que no ha hecho sino entristecer cada uno de mis días y que se ha fundido en mi personalidad para volver a moldearla, creando así un monstruo al que me ha costado meses abatir. Demasiado miedo a levantarme por las mañanas y mirarme al espejo para ver a alguien a quién nunca antes había visto, a quien puedo jurar no conocer. Pero ahora esa máscara ha caído, y todo ha vuelto a su lugar. O casi todo. Por suerte, o por desgracia, muchas de sus cualidades se han quedado clavadas bajo mi piel como astillas. Extroversión, sociabilidad y valentía son tres de mis preferidas. Jamás he sido como habéis creído. Ninguno de vosotros ha llegado a conocerme. Nadie. Pensadlo, muchos ni siquiera sabéis acerca de mi vida fuera de vuestro propio entorno. ¿Alguno de vosotros podría decir qué hago por las tardes cuando no se sabe de mí? ¿Alguno puede demostrar que sean ciertas todas las cosas que cuento acerca de mí? ¿Alguno, solo alguno, sabe realmente qué siento o por quién lo siento? Nadie. La realidad se ve desdibujada siempre por las apariencias. 5/29/2007 иēw иøīsēLa vida sonríe a aquellos que primero le han sonreído a ella. No a los héroes, no a los que contribuyen en labores humanitarias ni a los muy generosos con la pobreza, sino a los que realmente han vivido o han sabido vivir. El camino de la felicidad es un mero eslogan publicitario. Pocos son aquellos que nunca habían sido. Son partícipes de un juego donde la muerte es el único contrincante, y tienen el valor necesario para mirarla a los ojos, mientras la siguen desafiando. Ellos no luchan, sobreviven. Herederos del arte urbano, adictos a la adrenalina. No aman, no odian, no sienten. Visten una felicidad carente de vida, de emoción, pero igualmente felicidad. Impulsados por el riesgo, extasiados por el cansancio, buscan la meta en la extenuación. Su medio es el ruido, la algarabía de las grandes metrópolis donde no son especiales, donde no se sienten especiales. Son solo uno con el resto, parte de un todo donde aquel que se cree más individual, más contaminado está por el colectivismo. Ellos son felices, sin más. 5/3/2007 тнē fāłł øf āитāяēsCuando todo acabó, Anubis fue condecorado con la medalla de la perseverancia y la soledad. No sabía si la merecía, pero sin duda la deseaba. Al fin y al cabo, aquellas eran sus mayores virtudes. Cuando la condecoración estuvo colgando de su pecho, entonces comprendió que aquello era todo por lo que había luchado. Había creído que Antares, su Antares, era la herida que le recordaba el dolor por el que creía buscar venganza. Pero Antares, la verdadera Antares, jamás le había interesado. Y Aldebarán... Bueno, de Aldebarán, aquella que siempre creyó su Antares, jamás volvió a saber. De poco servía escrutar el cielo día y noche, noche y día. Su luz se había apagado y nunca, jamás, volvería a sentir su calor. Quizás llevaba apagada mucho más tiempo de lo que él creía, pero nunca lo había aceptado. Ahora posaba firme, mostrando con orgullo la insignia con forma de corazón en su pecho. Y en frente, justo ante sus ojos, un nuevo y hermoso horizonte que no tenía prisa por descubrir. El tiempo, ahora, era lo que menos le importaba. 5/2/2007 мāyNunca antes pude disfrutar de sonrisa tan bonita junto al Mediterráneo. Más importante aún, una sonrisa por y para mí, producto de palabras sin sentido y de ingenio sin razón. De contenido superfluo, sí, pero de candidez y belleza sin igual. Palabras como complemento a una mirada que no diré única u original, ¿pero acaso eso importa si su ternura y su calor mantienen la ilusión? Una sonrisa, que es lo que aquí atañe, que me ha hecho ver, o más bien descubrir, lo dulce que puede ser la tristeza. Dulce como un caramelo que amarga con su acidez, pero que se disfruta con la esperanza de encontrar la suavidad al final. Me encuentro de nuevo ahora en plena ascensión a la cumbre de lo emocional. Y si al pasar las nubes vuelvo a caer no me importará, pues sé que volveré a subir, quizás con el doble de fuerza, quizás hacia una cumbre más alta, pero supongo que jamás, y digo jamás, con tanta ilusión. En parte, seguro, por el hastío y la perseverancia de anteriores ascensiones. En parte, también, por la imposibilidad lógica que supone el encontrar a alguien que no solo complementa, sino también completa, y no por ello se pierde la igualdad necesaria para unir, ni se une tanto como para amar. Sea cual sea el motivo, sea realidad o sea resignación, mi situación actual la definen dos palabras: felicidad. 4/2/2007 вāяcēłøиā ūиđēя тнē яāīи"Today won't go down... In history. Today won't go down..." La estridente voz de Rou suena pausada, tranquila y apacible en esta canción. Tranquilidad, algo extraño en una canción de un grupo como Enter Shikari. Alzo la mirada, que hasta ahora permanecía fija en cada uno de mis pasos, y veo que estoy en la colosal Plaza Cataluña. La lluvia cae con intensidad. No es extraño, pues, que sea el único que camina por el interior del círculo que hace las veces de epicentro. No sé qué hago aquí. Estaba demasiado agobiado, demasiado intranquilo por el perturbador sueño que me había capturado durante la triste hora en la que había podido cerrar los ojos. Una hora, para volverme a levantar después sobresaltado, cubierto de sudor y enfermo. Como tantas veces últimamente. No sé qué problema tienen las vacaciones conmigo. La cuestión es que necesitaba salir de casa, y qué mejor sitio para ir que donde me llevaran los pasos. ¿No habéis tenido nunca la sensación de que tenéis que ir a alguna parte, a un determinado sitio, y ni siquiera sabéis por qué? Es extraño, no sé qué esperaba encontrar, pero los pasos me dirigían hacia el mar. Hacia el Mediterráneo. Más bien, hacia el centro comercial Maremagnum. Tengo mis pequeñas hipótesis de por qué precisamente ese lugar, pero no me arriesgaré a desvelarlas aquí. La lluvia sigue cayendo con fuerza, y atraigo ahora la mirada de los demás peatones, todos ellos con paraguas. Y no me he percatado de ello hasta ahora, hasta llegar a casa. Estaba demasiado inmerso en mis reflexiones. Cada gota de agua, en cada charco, en cada rincón de aquel lugar tenía un significado. Cada piedra evocaba una imagen. Cada lugar significativo, una ilusión. Y ahí, justo ahí, sí, donde solo yo sé, es donde la ilusión casi da paso a la realidad. Pero hoy, apenas un par de días después, la ilusión, la esperanza, la certeza, la razón, se han desvanecido. De tan extraña pareja solo queda la realidad, cuya media naranja podría ser perfectamente la incertidumbre. Me siento junto al puerto, mirando hacia el mar, mi mar. ¿Por qué abandoné un sueño para dar paso a otro que jamás se cumplirá? Quién sabe qué me hubiese esperado al otro lado del mar. Quizás solo la tristeza diluida con cada una de las gotas de lluvia que se pierden en él. La voz de Rou vuelve a sonar tranquila, apacible, pausada, igual que el entorno que me rodea, igual que mi propio semblante. Y, de pronto, la voz estalla en el estribillo. He ahí mi interior. Hoy más que nunca me siento como el Mediterráneo. De apariencia tranquila y sosegada, de realidad confusa e incierta. 4/1/2007 ī đøи’т łøvē yøū łīкē ī đīđ yēsтēяđāyHoy te digo adios de nuevo No logro entender, ni lo haré jamás, por qué si juntos estamos bien, es imposible que nada pueda suceder entre tú y yo. Vivimos en mundos diferentes, ya lo dije, pero ahora nos separa un muro infranqueable. El problema es que yo dedico mi vida entera a intentar superarlo, pero no sé qué haces tú al otro lado del muro, si también lo intentas o si, en cambio, buscas nuevas fronteras en las que no existan los muros. Muchas veces he pensado que con andar a lo largo del muro, a tu lado, escuchando tu voz, ya me bastaba y debería conformarme. He descubierto, sin embargo, que no viviré tranquilo hasta que el muro quede destruido. Destruido totalmente, para no volverse a levantar jamás. No solo no viviré tranquilo, sino que no viviré de ninguna forma. Avanzo en línea recta hacia mi propia destrucción, y lo sé porque he visto el fin, mi fin, en los ojos del destino. ¿Debería, entonces, dejarme morir? Nunca. Si muero, lo haré luchando. El orgullo no merece menos. Cuántas veces habré caído y vuelto a levantar. Quizás demasiadas, debería empezar a preguntarme si vale la pena seguir luchando. ¿Por qué no, quizás, hacer como el resto del mundo? Caer de nuevo y pasar el resto de mis días en un hospital, hasta encontrar el amor de alguna enfermera. No, no puedo, no debo. El muro seguirá ensombreciendo mi vida por el resto de la eternidad si no consigo franquearlo. Ahora, la pregunta es, ¿merece la pena destruir ese muro que supone la amistad para dar un paso más hacia el amor? No lo sé, ni me importa, solo quiero acabar con el dolor, con este dolor que cada día se hace más y más intenso. No te quiero como te quería ayer. No, te quiero aún más. 3/27/2007 āgāīиEl edificio explotó con una violenta sacudida. El estruendo se vio pronto ensordecido por el incesante murmullo de las llamas, entre las que se dibujaba una silueta humana. Andaba con paso firme y uniforme, sin prisa. Parecía no haberse sorprendido por el incidente. Llevaba los ojos entrecerrados, con la mirada puesta en el suelo, y su semblante reflejaba una mezcla de distintas emociones. El cabello le caía sobre la cara hacia un lado, cubriendo cicatrices muy anteriores a la explosión. Cuerpo atlético, ni demasiada masa corporal, ni demasiada masa muscular. Más cicatrices. Entre todas, una, en su brazo derecho a la que guardaba especial cariño. Pero sus ojos, su pequeños ojos negros, resaltaban por encima de cualquiera de sus rasgos. Entrecerrados, se ha dicho, pero impactantes. El rojo fulgor del fuego a sus espaldas brillaba con especial fervor en sus pupilas. Sonreía. 3/23/2007 wēāκиēssHoy el mundo me ha dado la espalda. No llego a entenderlo, quizás porque mi cabeza sigue dibujando formas extrañas de colores múltiples debido al reciente estado de somnolencia. Odio esta sensación. No tengo frío, pero lo siento, y tengo miedo, demasiado miedo a lo que pueda suceder a mi alrededor. Tengo unas ganas irrefrenables de llorar, y sin embargo no lo hago. No quedan lágrimas, todas las gastó el sueño. Siento que mi cuerpo pesa diez veces más de lo normal, y que la carga que supone mi alma es insoportable. Y mayor, y más pesado aún, es mi agotamiento. Estoy anclado al fondo del mar de hierro y encadenado con los contratiempos y las artimañas de la vida. No los busco, es más, ni siquiera me interesan, pero ellos parecen estar empeñados en buscarme. Si no me bastaba ya con participar en todos y cada uno de los problemas del mundo a mi alrededor, ahora encima se me culpa por crimenes que no he cometido. Si esto sigue así, no sé si tendré suficientes fuerzas para continuar. Parece que estoy destinado a perderlo todo de nuevo. 3/22/2007 ēŝтūđîā 2007"Estudia, nueva denominación del Saló de l’Ensenyament, reune del 21 al 25 de marzo de 2007 toda la información, recursos y servicios para elegir la mejor opción educativa. PD. Ídem al año pasado. Estaré en el stand de la Universidad Pompeu Fabra los días 24 y 25 por la mañana. ¡Pasaos a verme! 3/21/2007 вēēи đяøwиēđ ā тнøūsāиđ тīмēsNos dirigimos al unísono hacia nuestro destino final. Nadie antes o después, sino todos a la vez. Cogidos de la mano y con paso firme y uniforme avanzamos hacia la destrucción. Poco importa lo que piensen nuestras mentes, poco si amamos la vida o si nuestro mayor deseo es librarnos de ella. En el camino estamos todos sometidos a la gran mente colmena. Buscamos el fin, y solo el fin. Es nuestra única meta. No hacer perdurar la especie, ni ayudar a la curación de la herida del planeta, sino llegar hasta el fin. Y lo conseguiremos. Quizás el planeta jamás cese en su llanto, pero nosotros lo haremos. ¿Quién sabrá de nosotros cuando desaparezcamos, cuando los libros de historia se hayan difuminado en el tiempo? ¿Quién se acordará de aquellos pobres infelices que se dedicaron a escribir con tinta invisible en la gran página en blanco de la vida? Nadie. Tiempo hará desde que las lágrimas en las que nos ahogamos se secaron. 3/19/2007 ēł cøłēccīøиīsтā đē мīяāđāsAlto se elevan las llamas, arde al fin la ciudad. El rojizo tono que cubre el cielo es el único color que puedo reconocer, el único que puedo recordar. Nada es ya lo mismo. Debería ser feliz, porque al fin y al cabo esto es lo que quería. No lo soy. Vivir en la ignorancia me mantenía feliz. Ahora la noche ha perdido todo su encanto. Ya no hay color, ya no hay fuerzas, ya no hay vida. Antes pasear bajo la luna, extasiado por el efecto de la eterna felicidad, era lo poco por lo que todavía vivía. Nadaba en la oscuridad, entre luces halógenas y neones. Entonces muchos se dedicaban a cazar sonrisas, y a dejarlas escapar. Yo me dedicaba a coleccionar miradas. Miradas de complicidad, miradas de odio, miradas cargadas de tristeza... Cualquier tipo de mirada. En especial, miradas tiernas, cargadas de pasión, que guardaba en una vitrina, lejos de donde pudieran robarlas. Y hace tiempo que las deje escapar. Ahora ya no quedan miradas. O, por lo menos, no logro encontrarlas. Quizás porque ni siquiera yo tengo ya fuerzas para sonreír. 3/18/2007 đīē łīκē ā jācκāł—Es la hora. La voz de megafonía lo inquietaba. Más que eso, le molestaba. Ya no solo por el hecho de que lo despertara veinte minutos después de que hubiese podido coinciliar el sueño, sino porque su tono le resultaba familiar. Quizás porque sonaba tan estropeada como los musculos de su entumecido cuerpo. Estaba exhausto. Cansado no solo fisícamente, sino cansado de todo. De la rutina, de la noche, de la muerte. Supuso que era algo normal en la vida de un asesino. Jericó se levantó. Sus pesadas botas negras golpearon el suelo con un horrible estruendo para verse pronto cubiertas por el largo abrigo negro. Pelo corto y oscuro, tal como exigía aquél que jamás se dejó ver. Se sentía confuso, desorientado. No recordaba nada de lo que había hecho después de salir y antes de volver a entrar en su pequeño habitáculo, que bien pasaría por una celda. No le importaba. Se dirigió a la pequeña ventanilla, donde aquella diminuta mano, perteneciente a una figura sin rostro, le proporcionaría el papel con las órdenes. Y así fue. Nunca nada era diferente. Un pequeño sobre, con un disco de datos y una cuartilla doblada en su interior. Papel reciclado. SUJETO: <undefined> El mismo motivo. Seguramente el sujeto no aparecía en las órdenes por motivos de seguridad. Jericó volvió a su pequeño habitáculo, se implantó la conexión neuronal e introdujo el disco de datos en su monitor personal. Bueno, así lo llamaban, pero él sabía que de personal no tenía nada, ya que todos sus movimientos estaban monitorizados y controlados por los ayudantes de aquél que jamás se dejó ver. El monitor zumbó. Nunca se acostumbraría a aquel dolor infernal. Miles de imágenes recorrieron la conexión neuronal para acabar implantándose en la memoria a largo plazo de Jericó. Una cara se repetía en todas ellas. Anubis. Un pequeño cursor parpadeaba en el monitor. La encriptación debía ser compleja, pues dos segundos era un tiempo de carga excesivo. Al parecer, el disco de datos contenía un mensaje cifrado, perteneciente a una dirección sospechosa, que había sido interceptado unos minutos antes. DE: liberation.transmission@free-europe.net#id=300605 De nuevo esa dirección. Nadie había logrado encontrar nunca a su propietario. La dirección física cambiaba de coordenadas con cada envío y no había indicios de una redirección virtual. El dominio ni siquiera aparecía como registrado. La dirección del destinatario también era la misma. Anubis. El archivo adjunto era un acceso directo hacia ninguna parte. El mensaje no decía nada a Jericó, era tan ópaco como la placa que cubría la ciudad. No había nada en aquellos datos que pudiese llamarle la atención. Bueno, casi nada. El número de identificación permanente no había sido registrado en ningún envío en toda la historia de la Globalización y, sin embargo, se repetía día tras día. Curiosamente, coincidía con el número de identificación de la ley que el sujeto había quebrantado. Trató de recordar qué decía aquella ley. Ah, sí. Era una ley inmediatamente posterior a la Reclusión. Pero qué más daba. Poco le importaban a él los motivos. No era su problema, sino el de ellos. Él simplemente se dedicaba a impartir los castigos. Y el único castigo existente entonces era la muerte. Cogió su arma y salió de la oscuridad del cuartel para caer en la penumbra de las calles. La placa no dejaba pasar el sol. Sabía dónde encontrar a Anubis. Sabía lo que haría cuando lo tuviera frente a él. Sabía que Anubis moriría. Y sabía lo que éste diría segundos antes de morir. —Muero cada día por un error que jamás debería haber cometido. Amar y no ser correspondido. 3/17/2007 вяēāκ søмē нēāятsCuando se ama se sufre. Cuando se ama se siente el dolor. Cuando se ama se llora. ¿Ves la forma en la que llora? ¿Sientes el calor de sus lágrimas, la tristeza que que inunda poco a poco el vacío que ha dejado en su corazón? Él jamás podrá darle lo que se merece. Tú sí. Y sin embargo lo ama a él. Lo ama por que le ha roto el corazón. Sabe que jamás podrá tenerlo, sabe que jamás podrá ser como lo desea y por eso lo ama. Por la ilusión, por la fantasía. Porque ve en él una realidad que solo existe en su mente. Y nunca verá que tú la amas, nunca verá que tú puedes darle todo lo que quiera y más. Nunca verá que podrías morir por ella si te lo pidiese. Cuando llore, solo te querrá para secar sus lágrimas. Nunca serás más que un amigo. Y resistes, sientes que el cielo se cae sobre tu cabeza cada vez que ella está con él, pero solo quieres su felicidad. Resignarte o morir. O resignarte y morir. Ella lo ama a él. Tú no eres nada más que el amigo con el que contar en los momentos difíciles. Créeme, tienes que aprender a romper corazones. Good Charlotte - Break Apart Her Heart "When you call she doesn't answer, when you write she doesn't answer. As he follows him around like you follow her around, There's something I don't understand. Can't you see the way she's crying? Don't try to understand. Can't you see what you've done? I don't understand this cruelty. |
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