Salvador's profilefūятнēя тнāи тнøūgнтsBlogListsNetwork Tools Help
    10/13/2009

    нīтcнīкīиg

    De nuevo, pasan de largo. Camino hacia atrás, con el pulgar levantado, en el arcén de una carretera en medio de ninguna parte. Llevo horas caminando y nadie se ha dignado a parar. Seguramente no se hayan percatado de mi presencia. El asfalto arde. Mi piel, también. Llevo horas viendo únicamente tonalidades de arena y carmesí. Me resulta extraño volver a recorrer de nuevo este camino perdido en el desierto. Por un motivo u otro, me veo obligado a retomarlo una y otra vez. Sigo con el pulgar levantado aún sabiendo que en años jamás se han parado a recogerme. En fin, dicen que la esperanza es lo único que se pierde. Quizás alguien pare. Algún día. Pero sí, es extraño... Extraño porque cada vez que encuentro un lugar donde detenerme y donde parece que formo parte de algo que nunca va a acabar algo me obliga a iniciar de nuevo la marcha. Y vuelta a empezar. Una y otra vez, la misma carretera, el mismo yermo baldío. Y nada más. O nadie más.

    Supongo que este camino no acabará jamás. No importa.

    10/4/2009

    āłđēвāяáи

    Abro los ojos.

    Nostalgia y desconcierto se entremezclan en mi mente, creando una extraña sensación que me impide pronunciar palabra alguna. No importa. Nada que pueda decir en este momento podría tener significado. No sé cuánto tiempo llevo aquí, pero por el rojo infinito ante mis ojos supongo que es el atardecer de algún día cuyo nombre o número desconozco. El mar de septiembre baña mis pies y me susurra al oído palabras que no comprendo, ni comprenderé jamás, pero que me tranquilizan y despiertan del aturdimiento. Me incorporo para sonreírle, como siempre hago, y la brisa me arrebata la arena que una desgarbada camisa ha podido retener durante la inconsciencia.

    Sólo una vez había escuchado tanto silencio. Y entonces no había razón para que me importase, pero ahora un extraño sentimiento entre felicidad y angustia me impiden razonar con claridad el por qué de mi presencia en este lugar, en este momento. Nada brilla ahora en el cielo, ni siquiera el sol, casi imperceptible ya en el horizonte. Supongo que así es como debe ser. Al menos no es muy diferente a como ha sido en todas las noches de los últimos meses que recuerdo. A decir verdad, ni siquiera estoy seguro de que quedara estrella alguna desde que Aldebarán se apagó.

    Aldebarán... Aquella a quien durante tiempo llamé Antares y por quien tantas noches aullé a la luna. Jamás acepté la distancia, material o no, que nos separaba y aún menos el hecho de que llevara tanto tiempo apagada. De no haber sido por aquella pequeña estrella, que tan cálidamente brillaba, quizás aún hoy pensaría que Aldebarán sigue brillando y la aparición de la verdadera Antares hubiese pasado totalmente desapercibida. Ahora lo sé, pero entonces jamás hubiese imaginado que el daño provocado hubiese sido tan grande, tanto que ni el paso de los años, ni el brillo de tantas otras estrellas, hayan podido extinguirlo.

    Después de Antares y de Altarf, después de Librae y de Ascella, después de la propia Aldebarán, Alrisha ha sido la última en apagarse, la única que me ha acompañado durante todo el camino y la única a la que no me hubiese importado no alcanzar jamás. Aquella a la que nunca logré conocer, a la que siempre pregunté quién era y de la que no obtuve respuesta. Aquella que, sin pedírselo o siquiera desearlo, iluminaba un camino que ahora vuelve a ser oscuridad. Un camino que el chacal no tenía inconveniente en recorrer, pero que el león se tendrá que resignar a recorrer. No puede ser tan duro. La oscuridad no puede doler tanto como duele la luz. Especialmente, cuando la luz proviene no del sol, sino de las estrellas que ahora ya no dibujan mi cielo. Su añoranza será sólo una reprimenda por los pecados cometidos. El verdadero castigo será saber que aún a pesar de Alrisha, el dolor lo causa y lo causará siempre Aldebarán. ¿Cuántas otras estrellas tendré que descubrir y dejar apagar por el recuerdo de una ilusión que jamás pasó de pura idealización, de simple amor platónico? Ninguna, por supuesto. Dejaré que la razón guíe mis pasos una última vez y buscaré mi destino allí donde nadie pueda encontrarme.

    Éstas son, pues, las últimas palabras de Anubis, primero lobo, luego chacal y ahora león, sentenciado a caminar por la oscuridad en busca del perdón de las estrellas que dejó apagar.

    Cierro los ojos. Al fin.