Salvador 的个人资料fūятнēя тнāи тнøūgнтs日志列表网络 工具 帮助
2007/4/2

вāяcēłøиā ūиđēя тнē яāīи

"Today won't go down... In history. Today won't go down..."

La estridente voz de Rou suena pausada, tranquila y apacible en esta canción. Tranquilidad, algo extraño en una canción de un grupo como Enter Shikari. Alzo la mirada, que hasta ahora permanecía fija en cada uno de mis pasos, y veo que estoy en la colosal Plaza Cataluña. La lluvia cae con intensidad. No es extraño, pues, que sea el único que camina por el interior del círculo que hace las veces de epicentro. No sé qué hago aquí. Estaba demasiado agobiado, demasiado intranquilo por el perturbador sueño que me había capturado durante la triste hora en la que había podido cerrar los ojos. Una hora, para volverme a levantar después sobresaltado, cubierto de sudor y enfermo. Como tantas veces últimamente. No sé qué problema tienen las vacaciones conmigo. La cuestión es que necesitaba salir de casa, y qué mejor sitio para ir que donde me llevaran los pasos. ¿No habéis tenido nunca la sensación de que tenéis que ir a alguna parte, a un determinado sitio, y ni siquiera sabéis por qué? Es extraño, no sé qué esperaba encontrar, pero los pasos me dirigían hacia el mar. Hacia el Mediterráneo. Más bien, hacia el centro comercial Maremagnum. Tengo mis pequeñas hipótesis de por qué precisamente ese lugar, pero no me arriesgaré a desvelarlas aquí. La lluvia sigue cayendo con fuerza, y atraigo ahora la mirada de los demás peatones, todos ellos con paraguas. Y no me he percatado de ello hasta ahora, hasta llegar a casa. Estaba demasiado inmerso en mis reflexiones. Cada gota de agua, en cada charco, en cada rincón de aquel lugar tenía un significado. Cada piedra evocaba una imagen. Cada lugar significativo, una ilusión. Y ahí, justo ahí, sí, donde solo yo sé, es donde la ilusión casi da paso a la realidad. Pero hoy, apenas un par de días después, la ilusión, la esperanza, la certeza, la razón, se han desvanecido. De tan extraña pareja solo queda la realidad, cuya media naranja podría ser perfectamente la incertidumbre. Me siento junto al puerto, mirando hacia el mar, mi mar. ¿Por qué abandoné un sueño para dar paso a otro que jamás se cumplirá? Quién sabe qué me hubiese esperado al otro lado del mar. Quizás solo la tristeza diluida con cada una de las gotas de lluvia que se pierden en él. La voz de Rou vuelve a sonar tranquila, apacible, pausada, igual que el entorno que me rodea, igual que mi propio semblante. Y, de pronto, la voz estalla en el estribillo. He ahí mi interior.

Hoy más que nunca me siento como el Mediterráneo. De apariencia tranquila y sosegada, de realidad confusa e incierta.

2007/4/1

ī đøи’т łøvē yøū łīкē ī đīđ yēsтēяđāy

Hoy te digo adios de nuevo
y siento que los ánimos decaen,
que la vida ya no tiene sentido
si no estás
y que querría estar junto a ti por siempre jamás.

No logro entender, ni lo haré jamás, por qué si juntos estamos bien, es imposible que nada pueda suceder entre tú y yo. Vivimos en mundos diferentes, ya lo dije, pero ahora nos separa un muro infranqueable. El problema es que yo dedico mi vida entera a intentar superarlo, pero no sé qué haces tú al otro lado del muro, si también lo intentas o si, en cambio, buscas nuevas fronteras en las que no existan los muros. Muchas veces he pensado que con andar a lo largo del muro, a tu lado, escuchando tu voz, ya me bastaba y debería conformarme. He descubierto, sin embargo, que no viviré tranquilo hasta que el muro quede destruido. Destruido totalmente, para no volverse a levantar jamás. No solo no viviré tranquilo, sino que no viviré de ninguna forma. Avanzo en línea recta hacia mi propia destrucción, y lo sé porque he visto el fin, mi fin, en los ojos del destino. ¿Debería, entonces, dejarme morir? Nunca. Si muero, lo haré luchando. El orgullo no merece menos. Cuántas veces habré caído y vuelto a levantar. Quizás demasiadas, debería empezar a preguntarme si vale la pena seguir luchando. ¿Por qué no, quizás, hacer como el resto del mundo? Caer de nuevo y pasar el resto de mis días en un hospital, hasta encontrar el amor de alguna enfermera. No, no puedo, no debo. El muro seguirá ensombreciendo mi vida por el resto de la eternidad si no consigo franquearlo. Ahora, la pregunta es, ¿merece la pena destruir ese muro que supone la amistad para dar un paso más hacia el amor? No lo sé, ni me importa, solo quiero acabar con el dolor, con este dolor que cada día se hace más y más intenso.

No te quiero como te quería ayer. No, te quiero aún más.