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2009/11/16 øłīмpūsRetirado el broche que la sostenía, la túnica de la diosa se deslizó sobre sus hombros y cayó al suelo, dejando al descubierto su perfecto cuerpo. Una temblorosa Atenea se ofrecía en todo su esplendor sexual al mortal, quien bajó la mirada unos segundos para observar los perfectos pechos de la última entre los dioses e inmediatamente volvió a posarla en aquellos ojos grises de los que tanto tiempo había estado enamorado. Atenea se acercó lentamente al hombre y comenzó a desabrochar su camisa con una mano mientras con la otra buscaba sus partes más íntimas, pero ni el embriagador perfume de la ahora inerte Afrodita podría haber evitado lo que sucedió a continuación. El mortal clavó su espada en el pecho de la diosa con la mirada puesta todavía en aquellos ojos llenos de un miedo que pronto se volvería sorpresa y más tarde miedo de nuevo. El perfecto cuerpo desnudo de Atenea se desplomó a los pies de su propia estatua y el mortal se inclinó sobre ella para besarle los labios antes de que cerrase sus ojos por última vez. La sangre derramada de la última diosa anunciaba el nacimiento de un nuevo dios. Por primera vez, no hubo sonrisa alguna en su rostro. 2009/11/15 syиēsтнēsīāēFormas, colores y sonidos se entremezclan en una inquietante sinestesia, producto de una ebriedad cuyo origen no me es ni desconocido, ni sorprendente. La vida es el más letal de los narcóticos. Todo y cuanto el Destino había dictaminado colapsa ahora en una inmensa espiral de incoherencia y caos. Cientos de nuevos recuerdos de diferentes épocas pasadas, presentes y futuras asaltan mi mente, difuminando la poca lógica que en ella pueda quedar. Por un instante, pienso que la persona de la que creo tener conciencia es únicamente un eco de una alternativa perfecta e imperturbable, sólo amenazada por el atisbo de irrealidad que supone mi propia existencia, pero la idea se desvanece al percibir la inestabilidad de semejante teoría, tan destructiva como la paradoja que desde hace tiempo tiene en jaque a mi cordura. Lo único que me ata a esta vida es también el motivo que me empuja a abandonarla. 2009/10/13 нīтcнīкīиgDe nuevo, pasan de largo. Camino hacia atrás, con el pulgar levantado, en el arcén de una carretera en medio de ninguna parte. Llevo horas caminando y nadie se ha dignado a parar. Seguramente no se hayan percatado de mi presencia. El asfalto arde. Mi piel, también. Llevo horas viendo únicamente tonalidades de arena y carmesí. Me resulta extraño volver a recorrer de nuevo este camino perdido en el desierto. Por un motivo u otro, me veo obligado a retomarlo una y otra vez. Sigo con el pulgar levantado aún sabiendo que en años jamás se han parado a recogerme. En fin, dicen que la esperanza es lo único que se pierde. Quizás alguien pare. Algún día. Pero sí, es extraño... Extraño porque cada vez que encuentro un lugar donde detenerme y donde parece que formo parte de algo que nunca va a acabar algo me obliga a iniciar de nuevo la marcha. Y vuelta a empezar. Una y otra vez, la misma carretera, el mismo yermo baldío. Y nada más. O nadie más. Supongo que este camino no acabará jamás. No importa. 2009/9/29 łēøиēsDesolación. Hastío y desesperación podían sentirse en el denso aire de tan descorazonadora escena. Descansaban en paz allí aquellos que en su día dominaron el mundo y lo perdieron todo por defender únicamente un frente ya perdido, entregado al enemigo por un traidor entre sus filas. Cayeron luchando hasta el final, murieron por aquello en que creían, por aquello que amaban. Grande fue el error de entregar su confianza, de mostrar su talón de Aquiles, a aquellos que creyeron más dignos y que resultaron ser el veneno que los dejó dispuestos a morir uno tras otro bajo el filo de la espada del Destino, presente ahora en el desolador páramo, regocijándose por las victimas cobradas. Y allí, frente a él, altivo y desafiante, el último León, consciente de su no muy lejana muerte, pero decidido a no caer hasta haber ganado la batalla. No tenía nada que perder. Nunca lo había tenido. Sin tregua. 2007/12/26 ēи ēł иøмвяē đēł fūēgø—Has condenado a nuestra gente. —He salvado a la humanidad. —Sabes que eso no te excusa y que debes morir por ello. —Sabes que no sin luchar. Si osáis desafiarme no solo os enfrentaréis a la oscuridad, sino también al fuego y al propio planeta. Moriréis uno a uno, cada uno de vosotros. Hombres, niños, mujeres. Nadie que pueda recordaros quedará en pie. Arrasaré vuestro pueblo. Lo reduciré a cenizas, hasta tal punto que nadie sepa que alguna vez existió. Y así fue que las llamas se extendieron a lo largo y ancho de todo el poblado. Aquellos que creían poder huir encontraron a la muerte en el camino. Niños y mujeres sufrieron en la misma medida en la que lo hicieron padres o maridos y el eco de sus gritos es el único recuerdo de su existencia. Allí donde antes se levantaba un pueblo, ahora solo hay llano. Y el por qué no incumbe a nadie. 2007/11/11 тняēē yēāяs sнøūłđ нāvē вēēи ēиøūgн тīмē føя yøū тø gяøw ūp āиđ gēт øvēя тнīsPara. Necesitas parar un rato para descansar y recuperar el aliento. Ésta no es una carrera que se gane o se pierda, sino simplemente en la que se corre. Y tú estás haciendo todo lo posible por llegar el primero, o al menos por creer que llegas el primero. Para. Si al menos supieses cómo dejar todo atrás no importaría cuánto o por qué corres, pero te empeñas en llevar contigo todo aquello que has encontrado en el camino. Aunque sabes que es una carga demasiado pesada. Que quizás es una carga inservible. Para. Ya que corres, al menos, mira hacia el frente. Ya has tropezado tres veces y puedes estar seguro de que volverás a hacerlo. No te engañes, no hay nadie que te siga, ni nadie que te observe. Menos aún, nadie que te espere y a quien has dejado atrás de manera involuntaria. Para. Ya no tienes dieciocho. Tres años deberían haber sido tiempo suficiente para crecer y superarlo. 2007/7/30 тнē sēĉяēт fīłēs (IV)Tengo que reconocer que este verano no escribo tanto como he escrito en otras ocasiones. Seguramente, por que mi serenidad es mucho más estable este año, pese a la gran cantidad de adversidades que me asolan. Supongo, además, que en plena ascensión hacia la madurez moral e intelectual, a la que aún me quedan años por llegar, empiezo a entender ciertas cosas y a desestimar preocupaciones que no dejan de ser secundarias y que carecen de importancia. En ese sentido, he alcanzado un nivel de comprensión que muchas personas son incapaces de conseguir en toda una vida. Me encuentro, como ya he comentado en otra entrada, en un medio etéreo entre la ignorancia y el desconocimiento, caracterizado por la completa integración de la despreocupación en el perfeccionismo, y viceversa. Nada es demasiado importante y nada carece totalmente de relevancia. Han de tenerse en cuenta todos los posibles aspectos a considerar y desestimar aquellos que carezcan realmente de una cierta fiabilidad o cuya falta de validez sea totalmente obvia sin llegar al extremo de caer en la obsesión, la tozudez y la extrema perseverancia. Y es, precisamente, este estado el que me lleva a escribir cosas como esta, escrita el pasado diecisiete de julio, a seis días de mi cumpleaños: "Ando más de diez horas por interminables playas de arena blanca. Recorro en bicicleta calles desconocidas, imposibles, abandonadas. Nado entre ríos de gente a la que nunca he conocido, ni he dirigido palabra tampoco. Lucho contra una ola de calor sobre una tabla de orgullo y ambición. ¿Y para qué? Para nada. No busco reconocimiento, ni fama, ni siquiera escuchar mi nombre. No me mueven ni la codicia, ni el ansia de poder. Tampoco me empuja nadie, ni me obliga. Y por supuesto nada busco al acabar todo. El sol es recompensa suficiente." Podría tildárseme de egocéntrico, de engreido e incluso de aspirante a egregio. No me importa. Ahora mismo, solo me importa sentirme bien conmigo mismo y buscar un sustituto temporal a todas las preguntas que no tienen respuesta. Y que seguramente jamás la tendrán. 2007/7/20 тīēяяā đē иāđīēEscribo esto desde el umbral entre la ignorancia y el desconocimiento, donde la felicidad y la tristeza se ven exaltadas aún en su mínima manifestación. Muchos llaman a esto depresión o crisis. No saben de lo que hablan. Se ven invadidos por el miedo a lo desconocido, los atemoriza la enormidad y la magnificencia de los sentimientos aquí presentes. No pueden ver más allá, pues la impotencia les ciega. No saben que si resisten al derrotismo podrán contemplar la belleza de un sentimiento tan real, tan frío y tan altivo como la felicidad, ensombrecido solo por falsos atisbos de una tristeza producida por pensamientos erróneos e ideas inducidas por la oscuridad presente en todo corazón. La soledad, la incomprensión y el sentimiento de menosprecio son solo compañeros en un viaje desde la Tierra de Nadie hasta las Puertas del Cielo, donde toda compañía es bienvenida. Y necesaria. 2007/7/5 тнīs īs łāиđ øf иøвøđyNi el odio ni la ira pueden acabar con esta eterna felicidad. He matado al ego, le he obligado a marcharse y he aprendido a vivir con mis temores, con mis defectos y con mi tristeza. Y, sobre todo, con mi orgullo y mi prepotencia. Sé que por más que los oculte están ahí, forman parte de mí, y que sacarlos al exterior no tiene por qué suponer ser menos feliz, o gustar menos a los demás. Que cada uno me acepte por como soy, que olviden la máscara con la que creí podría sobrevivir a un entorno al que sabía no correspondía. Una máscara que no ha hecho sino entristecer cada uno de mis días y que se ha fundido en mi personalidad para volver a moldearla, creando así un monstruo al que me ha costado meses abatir. Demasiado miedo a levantarme por las mañanas y mirarme al espejo para ver a alguien a quién nunca antes había visto, a quien puedo jurar no conocer. Pero ahora esa máscara ha caído, y todo ha vuelto a su lugar. O casi todo. Por suerte, o por desgracia, muchas de sus cualidades se han quedado clavadas bajo mi piel como astillas. Extroversión, sociabilidad y valentía son tres de mis preferidas. Jamás he sido como habéis creído. Ninguno de vosotros ha llegado a conocerme. Nadie. Pensadlo, muchos ni siquiera sabéis acerca de mi vida fuera de vuestro propio entorno. ¿Alguno de vosotros podría decir qué hago por las tardes cuando no se sabe de mí? ¿Alguno puede demostrar que sean ciertas todas las cosas que cuento acerca de mí? ¿Alguno, solo alguno, sabe realmente qué siento o por quién lo siento? Nadie. La realidad se ve desdibujada siempre por las apariencias. 2007/5/29 иēw иøīsēLa vida sonríe a aquellos que primero le han sonreído a ella. No a los héroes, no a los que contribuyen en labores humanitarias ni a los muy generosos con la pobreza, sino a los que realmente han vivido o han sabido vivir. El camino de la felicidad es un mero eslogan publicitario. Pocos son aquellos que nunca habían sido. Son partícipes de un juego donde la muerte es el único contrincante, y tienen el valor necesario para mirarla a los ojos, mientras la siguen desafiando. Ellos no luchan, sobreviven. Herederos del arte urbano, adictos a la adrenalina. No aman, no odian, no sienten. Visten una felicidad carente de vida, de emoción, pero igualmente felicidad. Impulsados por el riesgo, extasiados por el cansancio, buscan la meta en la extenuación. Su medio es el ruido, la algarabía de las grandes metrópolis donde no son especiales, donde no se sienten especiales. Son solo uno con el resto, parte de un todo donde aquel que se cree más individual, más contaminado está por el colectivismo. Ellos son felices, sin más. 2007/5/2 мāyNunca antes pude disfrutar de sonrisa tan bonita junto al Mediterráneo. Más importante aún, una sonrisa por y para mí, producto de palabras sin sentido y de ingenio sin razón. De contenido superfluo, sí, pero de candidez y belleza sin igual. Palabras como complemento a una mirada que no diré única u original, ¿pero acaso eso importa si su ternura y su calor mantienen la ilusión? Una sonrisa, que es lo que aquí atañe, que me ha hecho ver, o más bien descubrir, lo dulce que puede ser la tristeza. Dulce como un caramelo que amarga con su acidez, pero que se disfruta con la esperanza de encontrar la suavidad al final. Me encuentro de nuevo ahora en plena ascensión a la cumbre de lo emocional. Y si al pasar las nubes vuelvo a caer no me importará, pues sé que volveré a subir, quizás con el doble de fuerza, quizás hacia una cumbre más alta, pero supongo que jamás, y digo jamás, con tanta ilusión. En parte, seguro, por el hastío y la perseverancia de anteriores ascensiones. En parte, también, por la imposibilidad lógica que supone el encontrar a alguien que no solo complementa, sino también completa, y no por ello se pierde la igualdad necesaria para unir, ni se une tanto como para amar. Sea cual sea el motivo, sea realidad o sea resignación, mi situación actual la definen dos palabras: felicidad. 2007/4/2 вāяcēłøиā ūиđēя тнē яāīи"Today won't go down... In history. Today won't go down..." La estridente voz de Rou suena pausada, tranquila y apacible en esta canción. Tranquilidad, algo extraño en una canción de un grupo como Enter Shikari. Alzo la mirada, que hasta ahora permanecía fija en cada uno de mis pasos, y veo que estoy en la colosal Plaza Cataluña. La lluvia cae con intensidad. No es extraño, pues, que sea el único que camina por el interior del círculo que hace las veces de epicentro. No sé qué hago aquí. Estaba demasiado agobiado, demasiado intranquilo por el perturbador sueño que me había capturado durante la triste hora en la que había podido cerrar los ojos. Una hora, para volverme a levantar después sobresaltado, cubierto de sudor y enfermo. Como tantas veces últimamente. No sé qué problema tienen las vacaciones conmigo. La cuestión es que necesitaba salir de casa, y qué mejor sitio para ir que donde me llevaran los pasos. ¿No habéis tenido nunca la sensación de que tenéis que ir a alguna parte, a un determinado sitio, y ni siquiera sabéis por qué? Es extraño, no sé qué esperaba encontrar, pero los pasos me dirigían hacia el mar. Hacia el Mediterráneo. Más bien, hacia el centro comercial Maremagnum. Tengo mis pequeñas hipótesis de por qué precisamente ese lugar, pero no me arriesgaré a desvelarlas aquí. La lluvia sigue cayendo con fuerza, y atraigo ahora la mirada de los demás peatones, todos ellos con paraguas. Y no me he percatado de ello hasta ahora, hasta llegar a casa. Estaba demasiado inmerso en mis reflexiones. Cada gota de agua, en cada charco, en cada rincón de aquel lugar tenía un significado. Cada piedra evocaba una imagen. Cada lugar significativo, una ilusión. Y ahí, justo ahí, sí, donde solo yo sé, es donde la ilusión casi da paso a la realidad. Pero hoy, apenas un par de días después, la ilusión, la esperanza, la certeza, la razón, se han desvanecido. De tan extraña pareja solo queda la realidad, cuya media naranja podría ser perfectamente la incertidumbre. Me siento junto al puerto, mirando hacia el mar, mi mar. ¿Por qué abandoné un sueño para dar paso a otro que jamás se cumplirá? Quién sabe qué me hubiese esperado al otro lado del mar. Quizás solo la tristeza diluida con cada una de las gotas de lluvia que se pierden en él. La voz de Rou vuelve a sonar tranquila, apacible, pausada, igual que el entorno que me rodea, igual que mi propio semblante. Y, de pronto, la voz estalla en el estribillo. He ahí mi interior. Hoy más que nunca me siento como el Mediterráneo. De apariencia tranquila y sosegada, de realidad confusa e incierta. 2007/4/1 ī đøи’т łøvē yøū łīкē ī đīđ yēsтēяđāyHoy te digo adios de nuevo No logro entender, ni lo haré jamás, por qué si juntos estamos bien, es imposible que nada pueda suceder entre tú y yo. Vivimos en mundos diferentes, ya lo dije, pero ahora nos separa un muro infranqueable. El problema es que yo dedico mi vida entera a intentar superarlo, pero no sé qué haces tú al otro lado del muro, si también lo intentas o si, en cambio, buscas nuevas fronteras en las que no existan los muros. Muchas veces he pensado que con andar a lo largo del muro, a tu lado, escuchando tu voz, ya me bastaba y debería conformarme. He descubierto, sin embargo, que no viviré tranquilo hasta que el muro quede destruido. Destruido totalmente, para no volverse a levantar jamás. No solo no viviré tranquilo, sino que no viviré de ninguna forma. Avanzo en línea recta hacia mi propia destrucción, y lo sé porque he visto el fin, mi fin, en los ojos del destino. ¿Debería, entonces, dejarme morir? Nunca. Si muero, lo haré luchando. El orgullo no merece menos. Cuántas veces habré caído y vuelto a levantar. Quizás demasiadas, debería empezar a preguntarme si vale la pena seguir luchando. ¿Por qué no, quizás, hacer como el resto del mundo? Caer de nuevo y pasar el resto de mis días en un hospital, hasta encontrar el amor de alguna enfermera. No, no puedo, no debo. El muro seguirá ensombreciendo mi vida por el resto de la eternidad si no consigo franquearlo. Ahora, la pregunta es, ¿merece la pena destruir ese muro que supone la amistad para dar un paso más hacia el amor? No lo sé, ni me importa, solo quiero acabar con el dolor, con este dolor que cada día se hace más y más intenso. No te quiero como te quería ayer. No, te quiero aún más. 2007/3/27 āgāīиEl edificio explotó con una violenta sacudida. El estruendo se vio pronto ensordecido por el incesante murmullo de las llamas, entre las que se dibujaba una silueta humana. Andaba con paso firme y uniforme, sin prisa. Parecía no haberse sorprendido por el incidente. Llevaba los ojos entrecerrados, con la mirada puesta en el suelo, y su semblante reflejaba una mezcla de distintas emociones. El cabello le caía sobre la cara hacia un lado, cubriendo cicatrices muy anteriores a la explosión. Cuerpo atlético, ni demasiada masa corporal, ni demasiada masa muscular. Más cicatrices. Entre todas, una, en su brazo derecho a la que guardaba especial cariño. Pero sus ojos, su pequeños ojos negros, resaltaban por encima de cualquiera de sus rasgos. Entrecerrados, se ha dicho, pero impactantes. El rojo fulgor del fuego a sus espaldas brillaba con especial fervor en sus pupilas. Sonreía. 2007/3/23 wēāκиēssHoy el mundo me ha dado la espalda. No llego a entenderlo, quizás porque mi cabeza sigue dibujando formas extrañas de colores múltiples debido al reciente estado de somnolencia. Odio esta sensación. No tengo frío, pero lo siento, y tengo miedo, demasiado miedo a lo que pueda suceder a mi alrededor. Tengo unas ganas irrefrenables de llorar, y sin embargo no lo hago. No quedan lágrimas, todas las gastó el sueño. Siento que mi cuerpo pesa diez veces más de lo normal, y que la carga que supone mi alma es insoportable. Y mayor, y más pesado aún, es mi agotamiento. Estoy anclado al fondo del mar de hierro y encadenado con los contratiempos y las artimañas de la vida. No los busco, es más, ni siquiera me interesan, pero ellos parecen estar empeñados en buscarme. Si no me bastaba ya con participar en todos y cada uno de los problemas del mundo a mi alrededor, ahora encima se me culpa por crimenes que no he cometido. Si esto sigue así, no sé si tendré suficientes fuerzas para continuar. Parece que estoy destinado a perderlo todo de nuevo. 2007/3/21 вēēи đяøwиēđ ā тнøūsāиđ тīмēsNos dirigimos al unísono hacia nuestro destino final. Nadie antes o después, sino todos a la vez. Cogidos de la mano y con paso firme y uniforme avanzamos hacia la destrucción. Poco importa lo que piensen nuestras mentes, poco si amamos la vida o si nuestro mayor deseo es librarnos de ella. En el camino estamos todos sometidos a la gran mente colmena. Buscamos el fin, y solo el fin. Es nuestra única meta. No hacer perdurar la especie, ni ayudar a la curación de la herida del planeta, sino llegar hasta el fin. Y lo conseguiremos. Quizás el planeta jamás cese en su llanto, pero nosotros lo haremos. ¿Quién sabrá de nosotros cuando desaparezcamos, cuando los libros de historia se hayan difuminado en el tiempo? ¿Quién se acordará de aquellos pobres infelices que se dedicaron a escribir con tinta invisible en la gran página en blanco de la vida? Nadie. Tiempo hará desde que las lágrimas en las que nos ahogamos se secaron. 2007/3/19 ēł cøłēccīøиīsтā đē мīяāđāsAlto se elevan las llamas, arde al fin la ciudad. El rojizo tono que cubre el cielo es el único color que puedo reconocer, el único que puedo recordar. Nada es ya lo mismo. Debería ser feliz, porque al fin y al cabo esto es lo que quería. No lo soy. Vivir en la ignorancia me mantenía feliz. Ahora la noche ha perdido todo su encanto. Ya no hay color, ya no hay fuerzas, ya no hay vida. Antes pasear bajo la luna, extasiado por el efecto de la eterna felicidad, era lo poco por lo que todavía vivía. Nadaba en la oscuridad, entre luces halógenas y neones. Entonces muchos se dedicaban a cazar sonrisas, y a dejarlas escapar. Yo me dedicaba a coleccionar miradas. Miradas de complicidad, miradas de odio, miradas cargadas de tristeza... Cualquier tipo de mirada. En especial, miradas tiernas, cargadas de pasión, que guardaba en una vitrina, lejos de donde pudieran robarlas. Y hace tiempo que las deje escapar. Ahora ya no quedan miradas. O, por lo menos, no logro encontrarlas. Quizás porque ni siquiera yo tengo ya fuerzas para sonreír. 2007/3/15 fīяēFuego. El cuerpo de bomberos no consigue dominar las llamas. Calor, humo, falta de aire. El techo se desprende, la pared cae, un bombero muere sepultado. Mi única salida se ve obstaculizada por más llamas. Voy a morir. Un golpe de suerte: el suelo se desploma, el camino queda libre. Una ventana, una salida. Llego, estoy cerca, muy cerca. ¿Gritos? No puedo huir, no debo huir. Echo abajo una puerta y el suelo se hunde tras de mí. Adios a mi única salida. Un momento, otra salida. Más gritos, a izquierda. Más gritos, a derecha. Ella... Y ella. El tiempo pasa, la muerte llama a la puerta, impaciente por entrar en la fiesta. ¿Izquierda o derecha? No puedo, no quiero. Ambas. No, no hay tiempo. Izquierda. No, derecha. ¿Por qué? Las paredes se desmoronan sobre sí mismas. Los gritos no cesan. Lo tengo. Me lanzo a las llamas, en el centro. Cuando no es posible elegir entre la esperanza o la felicidad, lo mejor es morir. 2007/3/10 øиē łāsт sāłūтēLlueve de nuevo. Un cielo de color grisaceo tiñe oscuras las ya negras calles. Y, aún así, la luz vive y se filtra por las rejas de la ventana por la que días llevo mirando. Las cuatro paredes entre las que me encuentro se estrechan más y más a cada segundo. La asfixia se apodera de mí por momentos, y entonces la brisa del exterior me devuelve a la vida. El suelo está cubierto de agua. No de lágrimas, ni de sudor, ni de sangre, sino de agua. He recorrido el metro y medio que separa un extremo del otro veces incontables. He probado la dureza y frialdad de todos y cada uno de los rincones. He golpeado las paredes en busca de una salida, por pequeña que fuese, pero lo único que todavía me comunica con el exterior es la ventana, cuyas rejas me impiden ser libre. No es una prisión. Ojalá. Solo es mi pequeña habitación. øвłīvīøиNo longer can I see the light. No longer can I fight the dawn. I've been down thousand of times, and I rised again thousand more, but now. I've surrendered to despair and I'm now chained to insanity. The time, my time is running out. No longer will I see the light, but the pain, the scars, the suffer. My body is a book which talks about war and cruelty. I fought for those who had fallen. I lost my freedom, even my life, for them. I haven't slept for years. I haven't dreamt for days. And I haven't lived for hours. And that's the way I've been paid - oblivion. |
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